
El
refranero popular tiene muchos dichos que concitan el
interés de los estudiosos de estas manifestaciones:
“El ojo del amo engorda el ganado”, “Ojo por ojo,
diente por diente”, “Ojo al piojo”, “Ojos que no ven,
corazón que no siente”, y así un sinnúmero de
expresiones que demuestran como la sabiduría simple se
junta con la filosofía (la luz es el primer amor de
nuestra vida -Goethe-) o hasta el psicoanálisis cuando
narra la vida de Edipo, primer ciego celebre o mas aca
la ceguera histérica (Dra. Ángela Obrzalek).
La óptica, mas allá de las implicancias que se
narran ya sea en la óptica fisiológica, la óptica
geométrica o la física óptica tiene la particularidad de
ser un objetivo estratégico para el desarrollo de la
humanidad.
Mas allá de las ventajas competitivas que
contiene porque vivimos en un mundo visual, como Juan
Cuatrecasas ya escribió, “el hombre animal óptico” tiene
la curiosa realidad de que muchos países, entre ellos la
Argentina, la declararon de interés nacional por
intereses extra visuales.
Para quienes creen que la contactología es un
fenómeno de fines del siglo XX, podemos sorprenderlos si
les contamos que los viejos sopladores de vidrio de
Alemania tallaban cuencas especialmente para corregir el
queratocono, una deformación corneal muy común en el
norte de Argentina y en los lugares de altura como la
Cordillera y de ciertos hábitos alimentarios. Famosa es
la anécdota sobre Nerón, el salvaje incendiario,
observando el salón a través de una esmeralda con una
concavidad tallada. No era por coquetería, se dice que
padecía de esta dolencia.
Fue en Alemania, en Wisbaden, que la familia
Muller presentó el primer modo de característica
industrial para fabricar lentes de contacto
esclerocorneales que se mantuvieron casi hasta mediados
del siglo XX y que tuvieron un gran desarrollo con el
advenimiento de los materiales plásticos.
El
director de Lenticon, Luis Fliguer, junto a un gran
pionero como fue Klaus Pförtner, según muchos autores,
tuvo una influencia en el desarrollo de la época mas
moderna que comienza por los años de 1960. Cuesta creer
que para ese entonces existían lentes de contacto
bifocales continuando la original idea de Williamson y
Noble (Londres, 1927) que ya presentaron su primer
prototipo.
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